Directamente del ganadero al hogar del consumidor

El Comercio nos ha acompañado en una de nuestras entregas.

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¿El zancarrón que ye, para el cocido?», pregunta Joaquín Alonso, vecino de Gijón, mientras sostiene un paquete de carne de ternera asturiana avalada por el sello Indicación Geográfica Protegida (IGP).

–«El zancarrón ye para guisar», responde Miriam Gutiérrez, allerana y productora de ternera.

Alonso recibe el paquete de carne directamente de las manos de quien la produce y en la puerta de su casa. Por 68 euros se lleva «un kilo de guisar, dos kilos de filetes, un kilo de picada, medio de costilla y medio de zancarrón», repasa Miriam, y le pregunta si también quiere una pieza de solomillo que tiene en el furgón.

La jornada de Miriam comienza a las siete de la mañana en el matadero de Noreña, donde despiezan el ternero de asturiana de los valles que ha criado durante meses en el Puerto de Braña, oficialmente conocido como San Isidro. Después, envasa al vacío las piezas que ha pedido y les coloca las respectivas etiquetas. Luego toca preparar los paquetes para repartir ese día en cajas. Eso le lleva toda la mañana y de ahí sale directamente a repartir por Avilés, Oviedo, Noreña, los pueblos de Aller y donde sea que la llamen sus clientes, quienes hacen los encargos por teléfono y a través de la página web.

Al final de la jornada, en la que suele repartir unos treinta paquetes –cuando no son hasta sesenta, si han matado a dos terneros–, llega a casa después de las once de la noche. Es un largo día, pero merece la pena: recogen ganancias y garantizan que su producto llega a los hogares de sus clientes de forma directa, sin intermediarios y recién traído del matadero en un vehículo refrigerado.
Para Miriam, la venta de carne de ternera asturiana criada naturalmente en las montañas de Aller forma parte de un larga trayectoria familiar. Los terneros solo son alimentados con maíz y cebada y aprovechan la lactancia de las madres por un tiempo máximo de ocho meses. No hay prisa en la producción ni se usan piensos artificiales, porque quieren mantener la tradición y la calidad IGP.

Miriam estudió Administración de Empresas y vivió fuera de Asturias, trabajando en el sector inmobiliario y acompañando a su marido, funcionario, en sus destinos laborales. Un par de meses antes de dar a luz a sus gemelos, decidió regresar a la tierrina y buscar algo que le permitiera conciliar la maternidad con el trabajo. Para resolver ambas cuestiones, se decantó por apoyar a su madre y rentabilizar su cabaña ganadera fusionando sus conocimientos profesionales. Para ello creó la marca Sentir de Braña y se dio de alta como distribuidora cárnica. «Nos dimos cuenta de las posibilidades que tenía mover así el negocio porque muchos vecinos nos preguntaban: ‘Oye, ¿no sabrás de alguien que quiera comprar un xatu a medias?’. Entonces pensamos en despiezar y repartir. Encontramos un nicho de mercado emergente».

Sin intermediarios, con garantía de calidad y entrega puerta a puerta. Estas características son la clave de su proyecto, además de la frescura de la carne. «El cliente no paga más y compra al productor. Y además es carne que vendemos el mismo día del despiece, envasada y etiquetada según la normativa. La puedes consumir en un plazo de diez días y sigue estando bien. La gente nota mucho la diferencia respecto a la de los supermercados o carnicerías», dice la allerana, que reconoce en sus clientes a domicilio a personas que saben apreciar la buena ternera asturiana. Miriam dice que aún está en la «fase de pruebas» porque comenzaron con este proyecto hace un año, en abril de 2019, pero que cada vez van «a más. La gente espera por el producto y están contentos.
Repiten». Si todo sigue así de bien, la idea es crear una red de ganaderos asturianos que se conjuren para criar de la misma manera, sin comprometer la calidad, porque se perdería el sentido de su trabajo, puntualiza. «Hay que ir dinamizando las explotaciones locales que no son rentables ahora mismo».

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